En el año 1947, por indicación del Hno. Provincial (Hno. VALERO),  el querido Hno. Fredien, acompañado por el muy recordado Hno. PAULIUS, se determinó a escribir todo lo concerniente a la llegada de los PRIMEROS HERMANOS   a la Argentina, y los detalles de las diversas fundaciones de obras, aquí en el país. Habían transcurrido ya 44 años. No obstante, la prodigiosa memoria del Hno. Fredien le llevó a llenar un pequeño opúsculo de 66 páginas, encuadernado por los HH. de la Villa, escrito a máquina e impreso “a pasta”. En el Historial  MARISTA hay dos ejemplares del mismo opúsculo.

              El librito  se  inicia con una introducción bastante extensa en la que narra todo los acontecimientos producidos en Francia como antecedentes que desembocaron en la famosa LEY DE COMBES, el 1º de julio de 1901 por la cual eran cerradas todas  las obras de los religiosos en FRANCIA y la consiguiente secularización.

              Como antecedentes, menciona la LEY DEL SERVICIO MILITAR, de tres años de duración y sin excepciones, buscando el gobierno la anulación de vocaciones sacerdotales y religiosas. Le ley prohibiendo a las congregaciones enseñantes, el actuar en las escuelas municipales. La ley por la cual  se eliminaban todas las “escuelas libres”, es decir las de los Religiosos.

              Todo esto obligó a los  Superiores a tomar medidas para solucionar el problema  de los llamados a las armas. Además. empezaron las fundaciones fuera de Francia. Esto se incrementó con ocasión del 8º Capítulo general de 1893 y la presencia del Rmo. TEÓFANO y sus Asistentes Generales  que le apoyaron ampliamente, entre ellos el Rdo,. Hno. BERILLUS , que fue quien más se destacó, siendo Asistente de St. Paul -  tríos –Châteaux, a quien le correspondió organizar la Fundación de la Obra Marista en Argentina.

              Dos hechos nos permitirán comprender seriamente los acontecimientos: El primero corresponde a  la definición dada por Mons. Goutesoulard Arzobispo  de AIX ,  a la burlona , maléfica y satánica actuación de las logias masónicas que eran las que realmente gobernaban la Francia de fines del siglo XIX: “Mis queridos Hermanos, lamentablemente ya no somos más una REPÚBLICA, sino una FRANC-MASONERÍA. Esto le valió al pobre arzobispo  la supresión de todos sus privilegios , pero fue una aureola de gloria para el Episcopado Francés.

              Lo otro, no es una hecho, sino una frase realmente elogiosa para el  muy recordado Hno. BERILLUS, de parte de  Mons. Antonio SEBATUCCI quien fuera Internuncio en COLOMBIA, y luego en  Buenos Aires, en 1903, justo en la  época en que  llegaban los Primeros Hermanos a la Argentina. MONSEÑOR , se expresaba así : “ Vuestro Hno. BERILLUS, Asistente General, a quien yo he conocido en Colombia con ocasión de mi visita de Delegación en 1895, merecería que AMÉRICA LATINA  elevase un monumento a  ese insigne bienhechor de la infancia , ya que ha proporcionado educadores cristianos a muchas naciones americanas”.

Septiembre de 1903
Día 3 Día 4 Día 5 Día 6 Día 7 Día 8 Día 9
Día 10 Día 11 Día 12 Día 13 Día 14 Día 15 Día 16 
Día 17 Día 18 Día 19 Día 20 Día 21 Día 22 Día 23
Día 24 Día 25 Día 26 Día 27      

¡Vamos a ser misioneros!

Dichosa frase. Su voz resonó en nuestros oídos y sus ecos repercutieron en nuestros corazones, anhelosos de hacer un sacrificio por el amor de Dios y salvación de las almas que piden pan y no hay quien se lo distribuya". La mies es grande, mas los trabajadores son escasos.

Un sentimiento de gratitud se eleva en seguida en nuestros corazones: gratitud para con Dios y su Madre Santísima, y gratitud hacia nuestros amadísimos Superiores, quienes a pesar de nuestra indignidad se han dignado concedernos el ilustre título de "Misioneros".

Mas, al lado de este sentimiento de gratitud, se levanta en las negras sombras del porvenir, otro de tristeza. Dejar allá muy lejos a nuestros amados Superiores que tantas finezas nos prodigaron, que encaminaron con tanto acierto por la vía de la perfección nuestros primeros pasos, para abrir caminos nunca pisados por ninguno de nuestros cohermanos, es una misión harto difícil para nuestra tan juvenil edad.

Confiamos sin embargo en la protección de nuestra divina Madre, y en las oraciones que tantos Júniores como Novicios y demás Comunidad de San Andrés, elevarán al cielo para sus Hermanos Misioneros. Y con esta salvaguardia sienten reanimarse nuestros ánimos y aguardan con ánimo el día de su marcha.

"Adelante, saldrá bien puesto que Dios lo quiere". Estas palabras de nuestro Venerable Padre Fundador, venían con oportunidad a resonar en nuestros corazones, prestando a nuestro ánimo un poderoso aliento. Sí, Dios lo quiere, la congregación nos invita y nuestro titulo de "misioneros" nos impulsa a decir: "Hablad Señor, que prestos estamos para obedecer"

Día 3 de setiembre de 1903

Alboreaba ya el día prefijado para nuestra marcha. Por última vez, vino a herir nuestro oído el sonido de la campana, que tantas veces nos invitó a ofrecer al Señor las primicias de un nuevo día, y ofrecer al Señor las primicias de un nuevo día, y luego también por vez última nos juntamos bajo las grandiosas bóvedas de la capilla para cantar las dulces melodías de la Salve Regina. La oración y la meditación tuvieron para nosotros en este día, encantos indecibles.

El buen Jesús nos aguardaba entre tanto, en su sagrario, y momentos después descendía con las manos llenas de gracias a nuestros corazones. Los afectos y peticiones que le presentamos en aquel momento solemne, sólo El lo sabe.

Allí rezamos por nuestros Superiores, sin olvidar a ninguno de los miembros de aquella adorada Comunidad de la que íbamos pronto a separarnos, Allí le suplicamos bendijese nuestra misión y nos diese las cualidades de celosos y abnegados misioneros.

Durante la Misa, ocupamos el lugar de honor de los misioneros, cabe el sacro Altar.

Era sin duda la última vez que oíamos en aquella augusta capilla los tiernos acordes del canto de despedida: "Partez hérauts de la bonne nouvelle" vinieron presto a emocionar nuestra alma: ardientes lágrimas asomaban a nuestros ojos y de tiernos afectos rebozaban nuestros corazones", adiós por esta vida!. Y, ¿cómo despedirnos de aquellos padres cariñosos que tantas bondades nos prodigaron, de aquellos Hermanos que por tanto tiempo compartieron con nosotros los dulcísimos encantos de la virtud; de aquella Casa, cuyos sagrados muros, tantas veces nos defendieron de los escándalos del mundo?.

Mas, el sacrificio estaba hecho, y el dulce recuerdo de vernos presto en el cielo, contrastaba aquella dolorosa emoción.

Sí, el Océano contendrá sus iras, nuestra marcha no tropezará en escollo alguno, porque el Señor no puede desatender las súplicas que por sus Hermanos eleva la fervorosa Comunidad de San Andrés.

Con el corazón rebozando todavía de tan dulces sentimientos, dirigióse cada cual a sus acostumbradas ocupaciones, viendo venir con rapidez el momento definitivo de la separación.

Un modesto banquete de familia celebrado en compañía de nuestros amadísimos Superiores, abrió paso a la triste escena de la separación,...y era preciso resignarse a tan dura prueba.

Un estrechísimo abrazo nos despidió de nuestro Rev. Hermano Provincial y del muy Rev. Padre Don Fernando y demás miembros de aquella amada Comunidad y una tierna mirada nos despidió de todos los objetos que cautivaron nuestro cariño en aquel santo recinto.

Qué afectos sentíamos levantarse en nuestro corazón al dejar esa santa casa, cuna de la vida religiosa para algunos de nosotros y asilo benéfico para todos de piedad y de virtud.

A toda prisa condújonos un coche al puerto, lugar de nuestra embarcación. Hemos contemplado desde el muelle aquel panorama embelecedor que a nuestra vista se presenta.

Todo es movimiento y vida. Doquiera barquichuelas que esperan trasportar a los pasajeros, prontos a dejar su amada patria; surcan las aguas hermosos buques repletos de mercancías para abastecer a esta inmensa metrópoli, y en lontananza destácanse las esbeltas figuras de los vapores de gran porte, semejando a vastas fortalezas cimentadas en los abismos del mar...

Una de aquellas barquichuelas, condújonos al que debía ser nuestra morada durante los largos días de navegación, y trasladarnos sanos y salvos al lejano país de nuestra misión. Era éste uno de los mejores de la Compañía Transatlántica, ostentando el regio nombre de "REINA MARIA CRISTINA".

Una vez que hubimos dejado nuestros equipajes en los respectivos camarotes, subimos al puente. De nuevo viene a renovarse el dolor. Hasta entonces nos acompañaron los Reverendos Hnos. Visitador, Director y Ecónomo: su vista nos consolaba y sus palabras nos alentaban y animaban; pero se hacer forzosa la separación.

Nunca hubiéramos acabado los abrazos y adioses; dímosles los últimos encargos para nuestro Hno. Provincial y querida Comunidad de San Andrés, y hasta que la distancia nos los ocultó, seguíamosles con la vista y el corazón.

Entonces quedamos solos, entristecidos sí, pero no desanimados.

En tanto el movimiento del puerto crecía por momentos; innumerables barquitas surcaban las tranquilas aguas pues ya la gente se apresuraba a llegar a bordo del María Cristina.

Un pequeño vapor ajaezado magníficamente atraía en especial la atención de todos. Avanzaba arrogante, ostentando en su popa un pequeño pendón y recibiendo los saludos de todos.

Eran los Señores de la Comisión de Barcelona que se dirigían a Buenos Aires para establecer las relaciones comerciales con dicha capital.

Mientras todos se apresuraban a llegar al buque, dimos un paseito por cubierta y nuestra admiración se aumentaba con la vista de la grandeza y hermosura del buque que debía conducirnos a nuestra amada misión.

 

Antes de flotar sobre las aguas a esta enorme morada, paréceme bien dar una pequeña reseña para tener una idea de ella.

"REINA MARIA CRISTINA", es tal vez el mejor buque de la Cía. Transatlántica española: cuenta 18 años de existencia y costó 38.000.000 de pesetas.

Mide 125 metros de largo con 14 de ancho; su altura es de 22 metros hasta el 3er. Puente, de los cuales 8 van debajo del agua. Presenta 4 grandes mástiles con una altura media de 25 metros. Cuenta 2 grandes cañones que alcanzan 9.000 metros; tiene aproximadamente 600 camarotes o sea unas 2.400 camas. La tripulación ordinaria es de 130 empleados, oficiales, camareros y marineros. Los pasajeros ascienden por término medio en cada viaje a 1.700; esta vez éramos pocos, 850 en total. Hay un magnífico salón de recreo en primera clase, donde se celebra la Santa Misa los domingos y días de fiesta.

En el comedor, también de primera se ostenta una magnífica estatua de la "Reina María Cristina", teniendo en sus brazos a "Su Majestad Alfonso XIII".

Todo el suelo está cubierto de hule y las paredes son de caucho. Su maquinaria ocupa constantemente 22 hombres que se reemplazan cada 4 horas. Tiene 6 calderas y cada caldera 3 hornos que necesitan 1.200 toneladas de combustibles para el viaje.

Hay además máquina de electricidad y otra que sube agua a todos los puntos del buque. Su rumbo es de Génova a Buenos Aires, y hace escala en Barcelona, Málaga, Cádiz, Santa Cruz y Montevideo.

 

Serían las 3 de la tarde, cuando la sirena dejó oír por primera vez su potente voz. Fueron alzadas las áncoras y descendieron del buque los que no se embarcaban. Presto dejóse oír una segunda señal, rodeaban en tanto nuestro buque innumerables barquichuelas, ávidos sus tripulantes de presenciar nuestra partida, cuando una tercera señal más prolongada y triste que las otras, nos anunció que emprendía su marcha.

Vióse entonces un curioso espectáculo; flotaban al aire los pañuelos y sombreros de todos y el grito de adiós salía de todas las bocas retratándose en los rostros la impresión de tristeza que infunde siempre el ver a marchar a lejanas tierras, los seres amados.

"MARIA CRISTINA"... avanzaba majestuosamente: iba alejándose de la ciudad de los Condes, de la gran Barcelona cuyos bellos edificios se divisaban confusamente, aún aparecía a nuestra vista la gigantesca estatua de Colón, designando con su brazo el rumbo que debíamos seguir, para arribar al Nuevo Mundo.

Entonamos entonces el himno "AVE MARIS STELLA" y nos cobijamos bajo el manto protector de la que es Madre de Dios y Estrella de los mares, y que con su manto apacigua las furias del Océano.

Dos horas habían transcurrido desde que la sirena dejóse oír por tercera vez su voz, allá en el puerto; el sol escondía ya en el horizonte su dorada faz, esparciendo los últimos rayos de su lumbre por la tranquila superficie del mar.

Esta tranquilidad maravillosa no impidió que el mareo viniera presto a visitarnos. El querido Hno. Paulius fue el primero que pagó su tributo.

Acercábase en tanto la noche y sus negras sombras no tardaron mucho en envolvernos.

Después de cenar el sueño vino a poner término a aquel día de tantas y tan variadas emociones.

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Día 4.-

Tras una noche apacible y serenísima, repuestos ya de las pasadas emociones, vemos amanecer un día espléndido y muy grato a la vez, por ser primer "Viernes del mes". A la suave brisa de la mañana cantamos la "Salve Regina", seguida de la oración y meditación.

En tanto el día iba aclarándose más y más. Ya en el oriente aparecía majestuoso el astro del día y al reflejara sus esplendorosos rayos en las ondulaciones del mar producía un aspecto bellísimo esparciendo por todas partes brillantes perlas y refulgentes estrellas.

Momentos después asistíamos a la Santa Misa y nos cupo la dicha de recibir a Jesús en vía de reparación y para pedirle el feliz acierto en nuestra misión. A las 7, pasamos frente a Valencia. Todos nos encontramos perfectamente bien, gracias sin duda a las fervientes oraciones que por nosotros eleva la Comunidad de San Andrés.

Vamos siempre divisando las costas, lo que nos alegra sobre manera. Después del almuerzo saludamos al Rev. Padre Capellán quien se mostró muy complaciente y afable. Es natural de las Baleares y conoce a los Hnos. Maristas; nos deseó feliz acierto en nuestra misión, y parece tener gran afecto a la Congregación. La mar está muy tranquila, todos estamos admirados.

Por la tarde después del santo oficio, entonamos el himno "Corazón Santo", asistiendo en espíritu a la bendición que tendría lugar en este momento mismo en nuestra querida casa de San Andrés.

Después de haber tomado nuestro recreo en el puente, nos fuimos a descansar bendiciendo al Señor por el feliz día que acababa de concedernos.

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Día 5.-

Alboreaba magnífico el nuevo día. Muy tempranito aún, observábase en el buque una agitación extraordinaria: la gente toda abandonaba sus respectivos camarotes para subir al puente, a presenciar lo nuevo que se presentaba a la vista.

Obedeciendo a esta natural curiosidad, también nosotros ascendimos a cubierta.

Divisábase la primorosa Málaga, coronada de esbeltas colinas, en medio de una extensa y fértil llanura y ostentando como enseña de grandeza su magnífica Catedral. A la entrada del puerto una escuadra inglesa compuesta de seis buques de guerra y 2 provisionarios.

María Cristina, cual si desdeñara aquellas fortalezas extranjeras, avanzaba cual poderosa emperatriz a través de la inmensa bahía, recibiendo los saludos de todos los demás buques y de la inmensa muchedumbre que le aguardaba en la costa. El señor Práctico del puerto vino al buque y lo dirigió hasta el mismo muelle.

Dejamos el buque y fuimos a visitar la Catedral en donde pudimos oír la Santa Misa. Seguramente es una de las más bellas catedrales de España tanto por su aspecto exterior como por su riqueza interior. Vense allí inspirados cuadros de Murillo, de Herrera y principales pintores españoles; resplandece rica ornamentación en mármoles y cuenta muchos altares que la adornan, sobresaliendo dos, el dedicado al Sagrado Corazón, regalo de una rica y piadosa malagueña, y el dedicado a Nuestra Señora de los Desamparados.

Después de rezar el santo Rosario a las intenciones de nuestros amados Superiores y para el feliz acierto de nuestra misión dejamos el sagrado recinto y fuímosnos a pasear un poquito por los jardines contiguos al puerto.

Era la última vez probablemente que pisábamos tierra española, y esto daba un doble encanto a nuestro recreo. A las 10, fuimos a bordo y desde cubierta pudimos presenciar la gran provisión de vino y pasas que introducían en el buque. En esta ciudad se embarcaron 200 emigrantes en su mayor parte andaluces.

A las cinco de la tarde, "María Cristina" dejaba la risueña Málaga para tomar el rumbo de Cádiz. En su marcha majestuosa llegaba a las 10 p.m. al estrecho de Gibraltar.

Comenzó a atravesar aquel estrecho, lugar de tantos naufragios. Diríase que allí intentan darse la mano el país de los moros y la herencia de la Virgen, pero el Océano se muestra más furioso, allí ruge con más denuedo cual se pretendiese alejar a infinita distancia el imperio de los califas y las huestes musulmanas.

Nosotros a Dios gracias, lo atravesamos muy tranquilamente por más que se notara agitación un tantito mayor que en los días anteriores, y en espera de un nuevo día nos fuimos a descansar.

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Día 6.- Amanece en Cádiz. Todo anuncia ser domingo; los oficiales visten sus uniformes de fiesta, los marineros ostentan sus blancas batas.

Se ha adornado el magnífico salón de primera clase; a las 6 una primera Misa y Comunión. Llegadas las 8, uno de los marineros recorrió el buque haciendo resonar sus dos magníficas campanillas para anunciar que una segunda Misa iba a comenzarse. El señor Capitán, oficiales y demás tripulantes del buque ocupaban el lugar de honor; seguíanles los pasajeros de primera y segunda clase y afuera del salón estaban los de tercera clase. Nos consoló altamente, la piedad y fervor que todos demostraban, considerando que el Señor no podría menos de recompensar esa devoción con una feliz travesía.

"MARIA CRISTINA" echó sus áncoras a unos 3 Kms de Cádiz; a pesar de la distancia pudimos divisar los monumentos y grandiosos edificios de la ciudad más bella de España llamada la "Cajita de plata de Andalucía". Ocupa esta ciudad un paraje bellísimo, situada en la punta misma de un pequeño cabo, recibe de los tres costados las frescas brisas del mar y goza de un cielo encantador. El buque debía quedar allí hasta las dos de la tarde del día siguiente. Ya, a las 10,30 comenzaba el tráfico. Una constelación de barquichuelas salían de Cádiz y se llegaban al buque, era para trasportar los viajeros que deseaban visitar la ciudad, ora para trasladar los equipajes y cosas de correspondencia. Dos veloces remolcadores arrastrando tras sí 500 toneladas de carbón, llegaron a las 11 al buque.

Cien hombres a lo menos comenzaron a trasladarlos al depósito de la máquina; este fatigoso trabajo duró hasta las 12 del día siguiente; a las 2 de la tarde visitamos al señor capitán, quien

se ha mostrado muy afable.

Es oriundo de Bilbao y hace cuatro años que dirige el buque "María Cristina". El resto del día pasamos en perfecta tranquilidad.

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Día 7.- Estamos todavía en Cádiz. Evidentemente es el último día que veremos tierra española. Después de oída la Santa Misa, saludamos a dos Padres Dominicos que se nos juntan en esta ciudad de Cádiz, son íntimos amigos de los Maristas, franceses de nación y se dirigen a Buenos Aires. El movimiento del puerto disminuye gradualmente, pues e acerca el momento de nuestra marcha.

A las dos en punto, "MARIA CRISTINA", dejaba el puerto de Cádiz con rumbo a Santa Cruz. Renuncio a expresar los sentimientos que brotaron de nuestros corazones al dejar nuestra amada patria. Encomendamos al mar trasladase nuestros votos al país que nos vio nacer, y al cielo suplicábamos amparase nuestra Nación.

Al unísono y acompasado rumor de las olas al estrellarse en el buque, entonamos a la Virgen el himno "Tu nación", suplicándole bendijese a su España y la levantase del abismo en que yacía.

Media hora después de nuestra salida de Cádiz sólo se presentaba a nuestra contemplación el cielo y un borrascoso mar. ¡Cosa extraña! a la suave quietud que nos acompañó desde Barcelona hasta Cádiz ha sucedido un regio temporal. Olas gigantescas venían a estrellarse en nuestro navío, formando en su retirada, montañas de agua que parecían querer sumergir a nuestro buque. Presto comenzó el balanceo, redando en él, objetos y personas. El mareo con sus tristes efectos vino a enseñorearse de todos, sólo los HH. Maristas Junión y Adolphus resistieron aquel día.

Nunca hubiéramos creído ser tan molesto el mareo. Se apodera en primer lugar una extraña y fatigosa pesantez en el estómago; y el pobre mareado busca un sitio de refrigerio y no lo encuentra; si va al camarote su mareo aumenta, pues el movimiento es más notorio; sólo echado encuentra algún alivio. Presto se apoderan de él repugnantes náuseas a las que sigue el vómito que si bien procura al pobrecito un leve alivio, vése obligado a echarse en cama completamente rendido. La comida le causa tedio, si algo toma, es por fuerza y luego le provoca, a veces se queda dos días sin tomar nada por no tener que provocar...

En este estado poco más o menos nos encontrábamos dos horas después de nuestra partida de Cádiz. Y el mar continuaba agitado y el movimiento aumentaba por momentos.

El buque presentaba un aspecto tristísimo. Nadie se veía sobre el puente, sólo los gemidos de los mareados de tercera clase dejábanse oír en us cubierta. Llegada la hora de cenar, unos 14 sobre 40 únicamente se presentaron en nuestro comedor, ocurriendo lo propio en los demás.

Así anocheció aquel día víspera de la Natividad de María.

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Día 8.- Es el Nacimiento de nuestra Madre, y no obstante sin Misa ni Comunión.

La noche ha sido fatigosísima. Era preciso atarse entre dos muebles a fin de no balancear tanto. Nos levantamos a eso de las nueve sin humor para nada; no obstante preciso era felicitar a nuestra divina Madre y darle el parabién. Comenzamos esforzándonos a rezar la "SALVE REGINA", mas no nos fue permitido acabarla; ya los Hnos. Paulius y Leopoldo José tuvieron que retirarse para pagar tributo a los peces.

Muy a menudo aquel día volvimos la vista hacia nuestra querida Casa de San Andrés y al recordar la pompa y regocijo con que celebrábamos las fiestas de nuestra Madre del cielo, una profunda impresión de tristeza venía a empañar nuestros semblantes. Nos consolábamos no obstante, pensando que allí en aquella Comunidad tan amada y llorada, había corazones que pensaban y rogaban a nuestra Madre Común del cielo.

La mar continúa furiosa, y el mareo llega a su apogeo; fue en verdad un día tristísimo para nosotros la fiesta del Nacimiento de nuestra Madre.

Resolvimos ir a almorzar; comenzaban a servir el primer plato y ya tuvieron que salirse los queridos Hnos. Paulius y Leopoldo José; al 2º plato el carísimo Hermano Director y poco después a mitad del almuerzo los Hnos. Veremundo y Sixto, quedando únicamente los Hnos. Junión y Adolphus que aún resisten al mareo.

La tarde de este día todavía fue más triste; cada cual iba por las suyas sin poder descargarse de aquella fatigosa indisposición. Remató aquel día de desagradables recuerdos. Voy a referir una escena que ocurrió digna de escribirse en esta relación. Con motivo de la agitación del mar, las ventanillas que dan a los camarotes permanecieron todo el día cerradas. El calor al momento de acostarnos era asfixiante. Deseoso de aspirar buen aire, tuvo la ocurrencia el Hno. Adolphus, de abrirlas; de repente una gigantesca ola tapó completamente la ventanilla, cogiendo al Hno. e invadiendo dos camas.

El agua se extendió por todo el camarote, siendo un recreo para todos los demás el contribuir a quitarla; presto estuvo todo arreglado. Así pasó el bello día de la Natividad de nuestra Madre, triste por un lado, pero sin duda muy acepto a los divinos ojos de María.

Día 9.- Ni Misa ni comunión. Diríase que la mar quiere sumergir nuestro navío. Está azotado terriblemente en ambos costados por olas furiosas que le hacen bambolear cual débil pluma: ¡Cuán visible aparece el poder de Dios en la inmensidad de los mares! Las olas alcanzan ya hasta el 2º puente. Es horroroso el estruendo que producen al caer de nuevo en el mar y al estrellarse unas contra otras.

No obstante esta tremenda agitación, el mareo no nos molesta tanto, porque nos vamos ya acostumbrando a la vida de los marineros.

A las 10 de la mañana vimos con inmensa alegría una gaviota que revoloteaba en torno del buque, como si quisiera con sus vueltas y revueltas que ya la tierra estaba cerca, en efecto a las siete p.m. debíamos llegar a Santa Cruz de Tenerife.

Esta feliz nueva llevó la alegría a todo el buque. El recuerdo de ver pronto tierra disminuía en gran manera la pesadumbre.

A las 2 se intenta mirar con catalejos y anteojos a fin de divisar el pico de Teide, pero fue en vano, una espesa niebla nos lo impide.

La animación crece por momentos; las siete se acercan. A las 6,30 divisamos una montaña; inmensos aplausos y aclamaciones resonaron y saludando todos ebrios de gozo a la nueva tierra que así les consolaba.

A las siete en punto entramos en el puerto de Santa Cruz. El buque debía quedar allí hasta las dos de la mañana.

Presentaba la ciudad de Santa Cruz una bonita vista; aparecía en medio de la oscuridad, iluminada por gran número de luces ocupando un espacioso valle. Un poco más arriba, divisábase igualmente iluminada la bonita ciudad de la Laguna.

Aquí tomó el buque 250 toneladas de carbón. Aprovechando la quietud nos fuimos a descansar.

Día 10.- Amanecemos en alta mar. La borrasca que tan fuertemente nos sacudió desde Cádiz a Santa Cruz, se ha convertido en una quietud y tranquilidad admirables.

Hemos tenido la dicha de oír dos Misas y recibir la Santa Comunión. Gracias a Dios todos estamos buenos y con un voraz apetito, efecto último del mareo. El señor Capitán nos ha pedido por nuestra salud y nos anuncia mejor tiempo para adelante. Hemos Hablado también largo rato con el señor Capellán.

Causa sorpresa la calma del mar; no se nota el más ligero movimiento del buque, claro efecto sin duda de las oraciones que ayer, elevaron por nosotros los miembros de la querida Comunidad de San Andrés.

El buque avanza mucho más que de ordinario; su velocidad es de 28 kms por hora o sea 672 kms por día. La tarde de hoy es admirable, la bonanza de la mar encantadora. La animación crece en el buque; los gallegos y andaluces no hacen más que cantar.

Hemos podido presenciar desde alta mar la puesta del sol, bellísima bajo todos conceptos e imposible de ser descrita. Después de cenar la alegría de la gente no conoce límites, sobre todo en tercera clase. Nosotros, luego de haber tomado nuestro recreo a la suave brisa del mar, y de haber dado gracias al Señor por todos los beneficios que nos dispensó, fuimos a tomar el cotidiano descanso. Acababan de acostarse en su camarote, los queridos Hnos. Junión, Paulius, Adolphus y Leonardo José, cuando he aquí que una curiosa escena viene a turbar nuestro sueño. Un extraño ruedo anuncia que hay algo particular. Por prudencia el Hno. Junión cierra la puerta y ventana del camarote, en tanto que el Hno. Adolphus enciende la luz. Pasmados los cuatro quedaron, al saltar una enorme rata, que ora se oculta, entre los vestidos, ora corre por las paredes, ora se refugia en los rincones. Las únicas armas de que disponían eran sus propios zapatos. Enfadado el querido Hno. Junión contra el animal por haberle subido éste a la espalda, constituyóse jefe del combate. Persiguióla largo rato sin ningún resultado, hasta que por fin logró cogerla en su zapato. Luego que entre todos tres la hubieron aplastada, ufanos de su victoria nos enseñaron a los demás su enemiga muerta. Sudaban la gota gorda, tanto les costó quitar la vida a aquel pequeño monstruo.

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Día 11.- Hemos tenido la dicha de oír dos Misas y recibir la Sagrada Comunión. El mar continúa presentando una calma extraordinaria. No se diría ser éste el "Océano Atlántico", semeja a terso lago donde mansas y monótonas ondulaciones van a perderse en la orilla; fácil es explicarlo, cuando la fervorosa comunidad de San Andrés, ruega por sus Hnos. Misioneros. El buque avanza prodigiosamente, hoy hace 16 millas por hora.

Durante el día entra en conversación el combate de la noche, acompañado de aplausos y felicitaciones para los combatientes.

Otro curioso espectáculo aunque de especie diferente atrae nuestra atención. Vense ejércitos de peces voladores que, al ser perseguidos sueltan el vuelo por el aire, elevándose fácilmente a unos 100 metros... Quien no los ha visto, nunca se figura una banda de 500 o 600 pájaros perseguidos por el gavilán y tendrá una idea de ello. Tienen uno que les guía y cuando éste comienza, todos les siguen en su carrera; al cesar de volar caen de cabeza en el mar.

Hoy, hemos tenido una entrevista con el primer oficial en extremo amable y respetuoso que nunca deja de saludarnos, llamándonos marineros.

La puesta de sol es magnífica y encantadora; después de cenar nos quedamos a contemplar la fosforescencia del Océano. Diríase que son luces encendidas en el fondo del Océano o bien perlas preciosas que despiden un brillo seductor. Al murmullo del mar hicimos la oración de la noche, bendiciendo al Señor y a nuestra Madre Santísima por la feliz travesía que nos daban

Día 12.- El nuevo día, segundo sábado de nuestra navegación aparece despejadísimo y claro. A la vista del hermoso sol que gallardo se alzaba en el oriente, entonamos la "SALVE REGINA" que fue seguida de la oración y meditación.

Tuvimos también la inestimable dicha de oír dos Misas y recibir al buen Jesús, en cuyo tiempo rogamos por nuestra querida Comunidad de San Andrés y para el buen éxito en nuestra misión.

Hoy, hemos tenido una primera entrevista con el 2º maquinista, hombre muy religioso y simpático; se complace en hablarnos de la maquinaria. Tiene a su disposición 52 hombres, no les tolera ninguna blasfemia, y hasta cuando no paremia el trabajo demasiado les obliga a asistir a Misa.

El señor Capellán al igual que los Padres Dominicos vienen muy a menudo a hacernos grata compañía. La mar continúa en su calma y quietud. Por la tarde entonamos "Estrella de los mares", suplicando a tan buena Madre, se digne bendecir nuestra misión.

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Día 13.- Alabado sea Dios que nos concede celebrar un segundo domingo en la inmensidad de los mares. El día es hermoso y serenísimo. De mañanita los marineros habían hecho la limpieza del buque y todo estaba preparado en el salón de primera para celebrar el augusto Sacrificio. Llegadas las 6,30 hs tuvimos la primera Misa y la Santa Comunión. A las 8,30 hs, todo el mundo aguardaba a que la segunda Misa comenzase. La concurrencia fue mucho más numerosa que el domingo pasado, sobre todo entre los de tercera clase.

Todo el tiempo de la Misa, dos marineros con vestidos especiales se mantenían de pie a las dos esquinas del altar, mirando fijamente el Sagrado Cáliz.

Era conmovedor espectáculo ver llorar de ternura a algunas pobres personas de tercera clase, juzgándose dichosísimas sin duda de poder asistir un vez por semana a los oficios de la Iglesia, consuelo y aliento de las almas sencillas.

Apenas acabada la Misa, prodújose en el salón un extraordinario movimiento, todos acudían presurosos al puente a contemplar un nuevo espectáculo: a unos 2 kms de distancia pasaba un buque magnífico, siguiendo absolutamente contrario al rumbo del "MARIA CRISTINA".

El señor Capitán anunció ser el buque "PATRICIO SATRUSTEGUI", también de la Cía. Transatlántica, que venía de Buenos Aires y se dirigía a Barcelona. Ya, los marineros habían colocado las banderas nacionales en ambos buques y flotaba en los dos el pendón de la Compañía T. Desviáronse entonces un tantito sus rumbos a fin de no chocarse pasando pacíficamente uno al lado del otro aunque en dirección opuesta y a una distancia de 40 metros.

Vióse entonces un espectáculo tiernísimo; los pasajeros de ambos buques hacían ondular los pañuelos y saludábanse con repetidos gestos de manos. La sirena del "MARIA CRISTINA", dejó oír su potente y tierna voz que partía el corazón. Por tres veces saludó al buque "PATRICIO SATRUSTEGUI", cuya sirena contestó con parecidos acentos, continuándolos todavía cada vez más entusiastas y afectuosos saludos y adioses.

Dímosles un último encargo para nuestra querida y lejana patria encomendando de un modo especial al buque, transportara sanos y salvos a nuestros Hnos. que presto iban a embarcarse en él y emprender igual derrotero que nosotros, para trabajar a la misma misión y conquistar igual aureola.

Seguímosles con la vista hasta que el horizonte nos lo ocultó. ¡Qué recuerdos ha hecho despertar en nuestros corazones la vista de aquel vapor! El pretende arribar presto a las sonrientes costas de nuestra "España" y poco después a la populosa Barcelona, cerca de aquella Comunidad de San Andrés, que sin cesar la tenemos a la mente y en el corazón; y nosotros perdidos en la inmensidad del Océano, apartándonos cada vez más de nuestro caro país, sin otro refugio que una débil navecilla, juguete muchas veces de la olas. No obstante renace presto la alegría en el corazón: nuestra misión es grande y gloriosa!

Sentimientos análogos embargaron nuestros corazones todo aquel día, anhelando ardientemente llegar cuanto antes a nuestra misión y comenzar a cultivar el vasto campo del Padre de familias a nosotros confiado.

La mar facilita mucho nuestra marcha de modo que podemos hacer 16 millas por hora. Por la tarde hemos sabido por conducto de un marinero encargado de hablar por medio de banderas que el buque "P. Satrústegui" lleva 700 italianos y que llega el 16 a las Canarias.

Por la tarde del mismo día vemos pasar rayando el horizonte a un vapor de vela que dicen ser francés. Después de la cena la alegría se deja notar, sobre todo en los gallegos y andaluces que nos recrean con sus cantos y danzas.

No olvidamos que en este día la Iglesia conmemoraba el Santo Nombre de María. Antes de entregarnos al sueño, entonamos el cántico "Un Marista a Marie", finalizando así este día de tan dulces recuerdos.

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Día 14.- La noche ha sido un poco agitada. Un viento que aumenta por momentos sacude violentamente las olas que se rompen contra el buque y aumenta a medida que el día va clareándose. Esto, no obstante, hemos podido oír dos Misas y recibir la Santa Comunión. El calor déjase sentir también, pues estamos a 2º del Ecuador. Todo contribuye a que venga de nuevo el mareo a turbar la alegría y general contento.

Ya, a las 10, los queridos Hnos. Paulius y Leopoldo José pagan un nuevo tributo al mareo. El querido Hno. Director a pesar de sus esfuerzos se ve obligado igualmente a pagarlo. El regocijo del buque sufre también notable disminución; por la tarde el temporal crece; en medio ya de la oscuridad divisamos un velero inglés, detenido a causa del temporal. También divisamos igualmente otro buque luchando penosamente con las olas siguiendo el rumbo hacia el Africa. Los queridos Hnos. mareados siguen con el malestar.

Día 14.- Haría cosa de una media hora que nos habíamos acostado, como que la fatiga del día había sido casi general, dormímonos presto. De repente el querido Hno. Director hizo un grito, pues había sentido correr sobre su manta alguna rata. Nos despertamos al ruido los dos que con él dormíamos preparándonos a un nuevo combate. Una vez tomadas las precauciones posibles movimos algunos muebles y al rato saltó un ratón monstruoso que trepó atrevidamente por la pared del camarote mirándonos con ojos centelleantes. Perseguísmoslo azorado; mas, presto por desgracia halló salida den una grieta que comunicaba con una estancia contigua; yo nos dormimos tranquilos, al menor ruido, creíamos tener que luchar de nuevo.

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Día 15.- El día amanece sereno, pero el mareo continúa con mayor fuerza. Todos, excepto el Hno. Junión y Adolphus nos encontramos mareados más o menos. No se siente gusto para nada menos para comer; la sola vista de la comida ya repugna. Este mediodía han asistido al comedor 6 sobre 40; es una cosa atroz. La mar en apariencia no está muy agitada, pero existen ciertas corrientes submarinas y una agitación del fondo que produce en el buque un bamboleo muy perjudicial. Es tristísimo ver el aspecto que presenta la tercera clase. Ya han cesado los alegres cantos y las danzas. Echados sobre cubierta, unos sobre otros, vense rostros macilentos que causan compasión. Hoy estamos a 5º del Ecuador. El calor se deja sentir algo más pero no es muy notable. Por la tarde el mareo va disminuyendo.

Recibimos a menudo visita del señor Capitán y primer oficial quienes se interesan mucho por nuestra salud. Por la noche hemos pasado largo rato con el señor Capellán y Padres Dominicos. Nos encontramos a Dios gracias un poco más aliviados, yendo después de la oración a tomar nuestro respectivo descanso.

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Día 16.- La mar continúa un poco agitada, pero el mareo no se deja sentir tanto. Hemos tenido la dicha de oír dos Misas; mas sin poder comulgar. La animación va volviendo al buque. Hoy a las dos de la tarde debemos pasar la línea del Ecuador. Nos vamos ya reponiendo de las fatigas sufridas en los días de mareo.

Al mediodía todos estaban en el puente deseando saber el momento en que "MARIA CRISTINA" iba a romper aquella ponderada e invisible línea. Ya el cuerpo no proyectaba ninguna sombra y a las 2 p.m. y algunos segundos, dejábamos el hemisferio norte para entrar en el del Sur. Sepárannos actualmente 36º de Buenos Aires. La tarde ha sido bastante pacífica, ya el mareo no se siente mucho y de nuevo la alegría parece renacer. Hemos podido ver esta tarde gran número de delfines. Es una cosa curiosa contemplarlos saltar uno dos metros y perseguirse largo rato a flor de agua. Son crecidos y bastante negros. Los peces voladores aumentan más y más; vense por miles, atravesar los aires, cayendo luego de cabeza en la superficie del agua.

Damos gracias al Señor y a nuestra tierna Madre de que nos amparen de un modo tan visible; todos estamos bien y contentos.

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Día 17.- El día amanece muy tranquilo lo que nos consuela mucho; pero no nos cabe la dicha de oír la Santa Misa ni de poder comulgar; pues el señor Capellán se halla enfermo así que uno de los Padres Dominicos.

Ya todos nos encontramos perfectamente bien, gracias seguramente a las oraciones fervorosas que por nosotros eleva la Comunidad de San Andrés.

A las 9 hemos podido ver un hermoso buque alemán a unos 700 metros de distancia. Viene de Buenos Aires y se dirige a Europa. Es imponderable el consuelo que causa la vista de un buque en medio de estas soledades. Siempre se diría, ocupamos el mismo lugar; a nuestros ojos se presenta una circunferencia cuyo centro ocupamos siempre y cuyo radio no nos es posible franquear, por más horizontes que atravesamos; imagen perfecta de la eternidad en la que después de infinitos siglos verá el justo con inmenso placer que aun nada ha avanzado en la eternidad de sus goces y delicias, y verá el pecador que aun le queda la misma eterna duración para sufrir, que el día en que comenzó, ocupando siempre el horroroso centro de aquella infinita circunferencia.

Tamañas reflexiones se ofrecen a menudo a nuestra consideración elevando nuestra inteligencia a las cosas espirituales, únicas capaces de saciar nuestro corazón.

A las 10 aparece a nuestra vista un nuevo buque que dicen ser italiano.

La tarde es también muy tranquila; continúan viéndose innumerables peces volátiles y algunos gruesos delfines. Por la noche nuevas demostraciones de alegría en tercera clase; alborotan el buque con sus ruidosos aplausos, canciones y algazara.

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Día 18.- El día amanece muy bello y hermoso. Hemos podido oír dos Misas sin poder recibir la Sagrada Comunión por falta de formas. A las 7 apercibimos un vapor que a toda velocidad se dirige hacia Europa. Así mismo poco después divisamos otro con igual rumbo. La mar se presenta tranquilísima sin balancearse el buque lo más mínimo.

La tarde es encantadora. Las nubes que al levantarse del mar son doradas por los rayos del sol presentan en lontananza un aspecto bellísimo. Ya semejan inmensas montañas de nieve prestas a derrumbarse sobre el mar, ya grandiosos borregones sostenidos en el aire; aquí aparece una cuyos promontorios altísimos ostentan llegar hasta el cielo, acá divísase otra que, imperceptiblemente se pierde en los infinitos espacios.

Cuando ya el sol pretendía ocultar su dorado disco, tras el horizonte, una nueva noticia corría por el buque. Acaba de nacer en la inmensidad de los mares y a la puesta del sol, un niño cuyo nacimiento ha sido causa de inmensa alegría para todo el buque y cuyo bautizo se celebrará el día 20, tercer domingo de nuestra navegación. Después de cenar siguen las alegrías y los cantos ordinarios.

Día 19.- La noche ha sido muy tranquila y el día amanece muy sereno. A pesar de todo nos hemos quedado sin Misa por falta de hostias de celebrar.

A la fresca brisa de la mañana cantamos la "Salve Regina" y honramos así con este primer acto a nuestra tierna Madre en su día de sábado. La mar ostenta una quietud admirable, sólo igual a la que gozamos de Barcelona a Cádiz. No obstante, no nos causa admiración, pues es la Virgen Sma. que nos procura esta calma perfecta, incitada sin duda por las oraciones que dirigen los miembros de la querida Comunidad de San Andrés.

La tarde de este día, presenta como todas las otras, encantos admirables. Todos nos encontramos bien y bendiciendo a Dios nos fuimos a tomar el descanso.

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Día 20.- Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores. Llegó por fin el día más festivo de nuestra marcha. Ha amanecido hermoso sin igual y con carácter de un gran día de fiesta: a las 6,30, Misa de Comunión, seguida del ejercicio a Nuestra Señora de los Dolores.

A las 8 ha tenido lugar la Santa Misa con concurrencia numerosa y con iguales ceremonias que las veces anteriores. Después de la Santa Misa, comienza el adorno del buque. Vense colocando por todo el puente, hermosas telas con el escudo de España; se enarbolan las banderas como enseña de fiesta y por doquier se ve tremolar el pendón de la Compañía.

Se prepara un cañón para dispararle durante el bautizo. Se ejercitan los músicos que han de tocar en la ceremonia. Ya, minutos antes, lucían los músicos sus habilidades, ejecutando escogidas piezas, con tres guitarras y dos bandurrias. Todo estaba perfectamente preparado par las 2 p.m.

Los pasajeros de primera y segunda fueron invitados a tomar parte en la ceremonia.

En tanto llegaba la comitiva con el niño, siendo padrino uno de la comisión de Barcelona, amigo de Don Fernando nuestro Capellán de la Casa Provincial, y la madrina una argentina de familia rica.

Apenas el niño hubo recibido las aguas regeneradoras disparóse el cañón con numerosos cohetes y los músicos, entonaron la marcha real, divinamente acertada. Llamóse el niño José, y Federico por su padrino llamado Federico.

He aquí las letrillas que en honor de su ahijado ha compuesto el insigne padrino.

Al nacer lejos del suelo

Te pudiste circundar

De la inmensidad del cielo

Y la inmensidad del mar.

Por decreto sobrehumano

En el mar viniste a ser,

Las olas del Océano

Te mecieron al nacer

Sabe Dios lo que en sí encierra

Quién tal prodigio logró

Quién no quiso ver la tierra

Cuando sus ojos abrió.

 

Existencia que así empieza

Tiende a la inmortalidad

Con su amor a la grandeza

Y su afán de libertad.

Por fuerza el puro destello

De ese cielo y de ese mar

Grabaron su augusto sello

En este niño sin par.

En ti a un hombre se adivina

Si el corazón no me engaña,

Que será gloria de España

Y gloria de la Argentina.

A bordo del "MARIA CRISTINA" 20 – 9 de 1903.

Federico Rahola

Día 20.- Acabada la ceremonia, los pasajeros de primera y segunda clase, fuimos invitados a tomar un refresco en los comedores de primera.

Ocupaba el lugar de preferencia o distinción el Señor Capellán, y seguíanle el padre y padrino del recién nacido y demás señores de la Comisión y a continuación los pasajeros de primera y segunda clase.

Después del refresco se inventaron divertidos juegos en tanto que se preparaba una gran iluminación para alumbrar la diversión nocturna que debía tener lugar después de la cena.

Menospreciando estas vanidades, loables si se quiere pero mezcladas siempre con la pompa mundana, acompañamos nosotros en espíritu a nuestra divina Madre en sus amargos dolores, rezando al efecto el santo Oficio y un nuevo rosario, suplicándola bendijera nuestra misión y nos amparase a todos en las penas y tribulaciones de la vida y sobre todo en la muerte y en el juicio.

En tanto llegó la hora de cenar. Sirvióse con más abundancia que de costumbre en honor del feliz acontecimiento y a expensas del padrino del recién nacido que tomó por su cuenta los gastos que se hicieron de más. Precedió a la cena la iluminación eléctrica que debía durar hasta la una de la mañana siguiente, así como los músicos y danzas.

Después de la cena, a la refrescante brisa del mar y de haber ofrecido al Señor y su dolorosa Madre, el himno de nuestra gratitud por sus innumerables sacrificios y beneficios también; luego el sueño reparador de las fatigas, vino apaciblemente a finalizar aquel día de dichosos recuerdos.

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Día 21.- La noche se ha pasado muy tranquila hasta las 2 de la mañana en cuya hora hemos entrado en el golfo de Santa Catalina. Vemos pues amanecer el día con un mar agitadísimo hasta el exceso.

Nos ha sido imposible tener Misa. El movimiento del buque crece por momentos, sobre todo desde las 8, está a la merced de las olas, como una pluma a merced del viento.

Forma en su balanceo de derecha a izquierda, un plano completamente inclinado por el que todo comienza a rodar. De los 8 metros que ordinariamente contábamos desde el agua a nuestro puente, apenas quedan un metro y medio en el movimiento del buque.

Y aún, todo el mundo está contento, porque dicen estar el golfo relativamente tranquilo y por haber tomado el buque el movimiento de costado o de izquierda a derecha, preferible mil veces al balanceo de proa a popa en el cual a veces toda la proa que mide 14 metros va debajo del agua, elevándose luego como una montaña encima del agua por natural equilibrio.

A pesar de ello todos estamos bien, gracias a Dios sin sentir la menor indisposición por movimiento del mar. Vemos con inmensa satisfacción que ya se va acercando el término de nuestro viaje, pues sólo nos faltan 4 días para arribar a nuestra suspirada misión.

Por la tarde el mar se va calmando, pues el señor Capitán ha tenido la precaución de desviar un poco nuestro navío para salir cuanto antes del borrascoso golfo de Santa Catalina. Después de cenar el movimiento era insignificante, pues ya habíamos salido del golfo y rebozando de contento y satisfacción nos entregamos al descanso.

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Día 22.- La noche ha sido muy pacífica y casi demasiado pues, no nos hemos apercibido que nuestro enemigo nocturno nos hacía estragos. Hemos encontrado la bolsa del Hno. Veremundo toda agujereada así como un zapato roído; no nos extrañamos sin embargo al oír contar a otros los destrozos que causan en sus respectivos camarotes; pues, según dicen esos bichos son la plaga del buque.

Hasta las 8 el tiempo está indeciso; hemos podido oír dos Misas y recibir la Sagrada Comunión. A las 8 comienza a caer una lluvia y el frío se deja sentir bastante, de modo que toda la gente se pone sus abrigos de invierno.

Comenzamos a ver numerosas aves marinas; anunciándonos que ya las costas americanas se aproximan.

La lluvia va cesando pero el tiempo continúa desagradable de modo que el mareo intenta asomar de nuevo y ya los Hermanos Paulius y Leopoldo José le han pagado un nuevo tributo que esperan serán el último.

Después de cenar hemos divisado 2 hermosos faros a unos 3 kms de distancia. Esta tarde se ha dejado sentir en todo el buque, pero principalmente en segunda clase un extraño dolor de vientre que ha producido una indisposición general, nosotros los sentimos también, principalmente los Hnos. Junión y Adolphus, únicos que no se marearon en toda la travesía. Hoy casi todos van a acostarse temprano a fin de mitigar el dolor.

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Día 23.- La noche se ha pasado muy agitada; pues todos, presas de violento dolor, acudían al baño.

Muchos se han visto precisados a llamar al médico quien ha declarado provenir dicha indisposición, de ciertos manjares pasados, que se ha tenido la imprecaución de servir; a todos receta el tomar leche.

El día ha amanecido muy risueño, pero los pasajeros están muy mohinos; todos hablan mal del señor Administrador del buque, que dicen los ha envenenado con sus alimentos.

No obstante el recuerdo de llegar pronto al término de nuestro viaje, nos consuela sobre manera. Según nos ha dicho el primer oficial hoy estamos frente del Uruguay y mañana muy temprano llegaremos a la hermosa Montevideo.

La tarde del 23 se pasa muy triste, pues todos sienten los efectos de la imprudencia de los cocineros. Los dos Padres Dominicos están todo el día acostados, presa del mismo dolor, hasta el mismo señor Capitán, se siente indispuesto.

Divisamos a cada momento numerosas y grandes gaviotas; persiguiendo a incautos pececillos que muchas veces son presas de sus afiladas garras.

Es muy curioso verlas a veces en bandadas de 30 a 40 que se posan a flor de agua para descansar de su fatiga, o bien bajar como un rayo hasta el agua, para tomar el pez que divisaron desde su elevación.

Después de cenar hemos visto nuevos faros, anunciándonos que la tierra está cerca. El sueño vino presto a reparar las fatigas naturales de aquel día, abrigando la esperanza de amanecer en la hermosa capital de la república uruguaya.

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Día 24.- Ha amanecido el penúltimo día de nuestra navegación, hermoso sin igual. A las 6, oímos la última Misa a bordo del "REINA CRISTINA", celebrada por el señor Capellán. Ya todo el mundo estaba a cubierta par las 8, anheloso de divisar la primera ciudad americana.

Muchos se preparan para bajar; pues ven llegado el término de su largo viaje o travesía. Ya el agua del mar aparece turbia, pues hasta allí el anchuroso Río de la Plata envía sus aguas. A las 9,30 comenzamos a ver una parte de Montevideo apareciendo presto todo. "MARIA CRISTINA" quedó anclada a 2 kms del muelle.

Pudimos no obstante divisar con satisfacción los bellos monumentos que encierra esta ciudad, sobresaliendo entre todos la Catedral y un magnífico balneario. A las 10 llegó la sanidad al buque y fueron descendiendo poco a poco los viajeros que debían viajar.

Montevideo es para la América del Sur lo que París para Europa, llamándola, "la bienhadada", la "manzana de oro", la "risueña", etc; cuenta 250.000 hab. en su mayoría descendientes de europeos; está rodeada de graciosas alamedas y situada al pie de una hermosa colina, "el Cerro". Su puerto es grandioso, pero aún no está del todo arreglado y su comercio muy activo; lo estuviera mucho más si no estuviera al lado de Buenos Aires.

"MARIA CRISTINA" hizo escala hasta las 5 de la tarde, a cuya hora dejó la risueña Montevideo para tomar el rumbo de Buenos Aires.

La mar o mejor dicho el río estaba muy tranquilo y la gente curada de su dolor no hallaba límites en la alegría; después de cenar, la noche era espléndida, y al reflejo de las brillantes estrellas, veíase a la tercera clase, que tantos quejidos y ayes exhaló durante el camino, entregarse a divertidos recreos, cantando, bailando y atronando el buque con sus gritos y aplausos.

Después de algunos alegres entretenimientos, nos fuimos por vez última a tomar el descanso bendiciendo a Dios por habernos trasladado ilesos a nuestro anhelado destino.

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Día 25.- Con el mismo afán que ve brillar el piloto el faro salvador del puerto, tras los rudos combates habidos con las olas vimos alborear este día "fin" y término de nuestra larga travesía.

La noche se había pasado tranquila y pacífica, pero el día amaneció triste y lluvioso. A medida que avanzábamos por el inmenso río de la Plata, la lluvia aumentaba.

A las 8, llegó al buque el señor Práctico del puerto para guiarlo por aquel escabroso río; aún nos faltan 14 kms para llegar al puerto. A cada paso divisábamos faros en el río, sirviendo grandemente de piloto para guiar el buque.

Causábanos una grandísima impresión la vista de aquel inmenso río. Ya, desde las 2 de la mañana navegábamos por él sin poder divisar ninguna de sus dos orillas. Si no fuera por el color de sus aguas, no se diferenciaría nada del mar.

A las 10 pudimos por fin divisar la gran metrópoli del Sur: la populosa Buenos Aires.

Ya el buque entraba en su puerto donde había un sin fin de vapores de todas las principales naciones europeas. Mide este puerto cerca de 9 kms de longitud y su carga y descarga se efectúa por medio de poderosos aparatos hidráulicos.

Arribó pues, "REINA CRISTINA", al mismo muelle y transcurridos breves momentos dióse a los pasajeros licencia para salir. La emoción era grande, pues debíamos separarnos de aquel vasto hogar que nos condujo a tan lejanas tierras, nos defendió en alta mar contra el furor de las olas e impidió nos sumergiéramos en los abismos del Océano. Había llegado el momento tan deseado de pisar tierra americana, teatro que debía ser de nuestro celo y abnegación.

Dimos un cordial adiós al señor Capitán y al muy amable Capellán, quien nos deseó nuevamente el feliz éxito en nuestra empresa. Dimos una cariñosa mirada al buque "MARIA CRISTINA", y después de encargarle recuerdo mil para nuestra "querida España", nos separamos de él.

Sentíamos un gozo indescriptible al pisar tierra americana. La lluvia en tanto aumentaba por momentos, por lo cual todo el mundo se refugiaba en el vastísimo salón de espera. Después de haber pasado nuestros objetos por la aduana, saludamos con inmenso regocijo a un Hermano Lazarista que había salido a esperarnos.

Presentábase a nuestra vista grandioso. Una inmensa muchedumbre de todos los países y naciones se apiñaba, ávida de saludar a sus conocidos.

Allí la madre abrazaba a su hijo, estrechábanse los hermanos, y los amigos afectuosamente se saludaban. Dimos un último adiós a los señores de la Comisión cuyas simpatías ganamos al entregarles algunas fotografías que ellos deseaban estampar en los días para anunciar su llegada. Pusiéronse tres coches a nuestros servicio, destinados a conducirnos a la Casa de los R.R.Padres Lazaristas. El trecho era largo y las bellezas que a nuestra vista se presentaban sin número. En primer lugar vimos destacarse la muy bella Catedral, de severo estilo greco-romano, con un amplio frontispicio triangular sostenido por colosales columnas, luego la Bolsa, el Banco de la Nación, el Departamento de Policía y otros grandiosos monumentos. Haría como una hora que dejamos el puerto y nos habíamos puesto a recorrer las anchurosas calles de la ciudad, de repente pasóse el coche frente de una hermosa casa; era el amado Colegio Gabriel Perboyre, de los Padres de la Misión, lugar de nuestra residencia y teatro de nuestro celo y abnegación.

Ya, el muy Reverendo Padre Superior, aguardaba con los demás miembros de aquella Comunidad de San Vicente de Paúl, dichosísimos de ver realizadas sus ardorosas esperanzas de poseer a los Hermanitos de María y ver extenderse la obra del Venerable Padre Champagnat por estas tierras argentinas.

Saludamos a todos con gran cariño, presentando los respetuosos saludos de nuestros amados Superiores. El Padre Visitador conoce muy bien a nuestro Rev. Hno. Asistente así que a los Hnos. de Colombia y Méjico.

Visitamos la magnífica Casa que poseen en compañía del Rev. Padre Director del Colegio; mostrónos también el bonito oratorio que tienen en la misma hermosa Capilla situada frente al Colegio. después de comer en compañía de los Padres, fuimos a tomar un pequeño descanso para reparar las fatigas del viaje. A las dos nos dirigimos al Oratorio para rezar el santo rosario y cantar el "Magnificat" en acción de gracias por la feliz travesía y llegada a nuestro destino. Visitamos luego de nuevo al Rev. Padre Visitador con quien hablamos largo rato. No cabía en sí de gozo. Nos dirigía mil preguntas acerca del viaje, la edad de cada uno, etc, etc.

Anunciónos que nos aguardaban presto 600 niños, que debíamos educar en la religión y salvar para Nuestro Señor. Predíjonos igualmente el inmenso bien que la Congregación Marista está destinada a hacer en tierra bendecida por Nuestra Señora de Luján.

El resto de la tarde lo empleamos en pequeños arreglos y en familiares y amenas conversaciones con los demás Padres.

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Día 26.- Hoy ha sido un gran día de fiesta para todos. Los Padres conmemoran el aniversario de la muerte de su Fundador el glorioso San Vicente de Paúl, y los Hermanitos de María celebramos el primer día de nuestra misión. Hemos podido oír con tranquilidad perfecta la Santa Misa y recibir al buen Jesús en nuestro corazón. Cuán tiernas súplicas y ardorosos afectos hemos dirigido al Señor por nuestros amadísimos Superiores: Revmo. Hno. Superior General, Rev. Hno. Asistente, Hno. Provincial, Hno. Visitador, Don Fernando y por todos los miembros de la querida Casa Provincial.

Después de la Misa, el queridísimo Hno. Director, acompañado por el Revmo. Padre Visitador, fueron a visitar a Su Excelencia el señor Internuncio de Su Santidad, residente en Buenos Aires.

Su amabilidad ha sido extrema. Por la tarde del mismo día nos devolvía la visita. Fuimos todos a saludarlo en el recibidor y quedamos prendados de su dulzura y amabilidad. Hablónos de nuestro Rev. Hno. Bérillus Asistente, a quien considera como uno de los grandes bienhechores de la América de habla castellana. Diónos a conocer y entrnder el inmenso consuelo que experimentaba su corazón de Padre, al ver implantada en esta tierra la bandera Marista y la familia del Venerable Champagnat.

Resumiónos en breves palabras las virtudes que deben adornar a un misionero.

"Sed humildes, nos dijo, que la piedad sea la virtud predominante de los humildes Hermanos Maristas, y que un celo y una abnegación sin límites les impulsen a trabajar en la viña del Señor.

Nos preguntó luego su Excelencia con dulce amabilidad por nuestros Supriores, estado de la Congregación, etc, etc, y antes de despedirse, díjonos con una bondad toda paternal. "Voy a darles mi primera bendición y en su persona a todo el Instituto, el cual representan, para que el Señor bendiga su misión y haga fecundos sus trabajos.

Nos despedimos de su Excelencia, llenos de consuelo y aliento, dispuestos a sufrir todas las cruces que el Señor se digne enviarnos ay bendecimos una vez más al Señor y a su Santísima Madre, por la fiel acogida que nos ha dispensado el representante del Santo Padre, en la República Argentina.

A las 3, asistimos a las solemnes Vísperas y a la Exposición de su Divina Majestad durante la cual se cantaron hermosos motetes. Recordábamos entonces de nuestra Capilla de San Andrés en la que con tanta pompa y magnificencia se celebraban los actos religiosos y recordábamos también de nuestra querida Comunidad que tantas veces rogaba bajo aquellas augustas bóvedas, por el feliz éxito de nuestra misión.

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Día 27.- Ya amanece el tercer día de nuestra llegada a la populosa Buenos Aires.

El tiempo continúa siempre lluvioso lo que nos impide absolutamente dar un paseito y solazar un tantito nuestro espíritu tras las impresiones habidas en el viaje.

Antes de terminar mi cometido, quiero decirles algo referente a nuestra misión de Buenos Aires y hacerles alguna pequeña reseña en la cual el frondoso árbol Marista va a extender sus benéficas ramas en bien de la niñez y juventud.

Al visitar a Su Señoría Ilustrísima, el señor Arzobispo de Buenos Aires hemos visto con satisfacción que la amabilidad de dicho Prelado sólo halla igual en la del Señor Internuncio de Su Santidad.

Introdujo a su Salón de recibo, al querido Hno. Director y al Hno. Paulius, en representación de todos, haciéndoles sentar a su lado prodigándoles grandes muestras de cariño y deferencia. Nos habló del inmenso bien que la Congregación Marista está destinada a hacer en su arquidiócesis y prometióles venir con frecuencia al colegio y constituirse Padre y Protector de los Hnos.

Hemos recibido una visita del señor Vicecónsul de Francia en Buenos Aires, que se ha mostrado muy amable y simpático.

Dicho esto pasamos a la reseña de la ciudad.

BUENOS AIRES. Llamada con razón la gran Metrópoli del Sur, es no sólo la mayor de la ciudades de la América Meridional y latina, sino que a más no reconoce rival en el hemisferio austral; cuenta hoy (año 1903) unos 900.000 habitantes aproximadamente.

El área edificada es de las más extensas ciudades del mundo; Londres y Nueva York son las únicas que ocupan mayor superficie que Buenos Aires.

Extendidas todas las calles en una sola, formarían una inmensa vía de cerca de 1.000 kms de longitud.

Hay muchas plazas cubiertas de jardines, grutas, fuentecillas o alegorías rústicas y pobladas de arboledas no sólo para recreos de la vista sino para sanear la atmósfera.

A fin de facilitar las comunicaciones, hay una extensa red de tranvías de tracción animal, que pasa casi por todas las calles y otra de tranvías eléctricos. Su primera red tiene unos 350 kms de vía, y sobre 1.800, entre coches repuest y servicio que son tirados por 10.000 caballos.

Los tranvías eléctricos tienen más de 100 kms de vía y hacen cerca de 1.000.000 de viajes por año.

En cuanto a la red telefónica, Buenos Aires figura en primera línea entre todas las ciudades del mundo, tanto por la extensión de los cables, como por el número de abonados a tan útil servicio. Los edificios de Buenos Aires son en general de aspecto muy agradable y en muchos puntos de la ciudad, elegantes y suntuosos. Abundan mucho la casa de un piso, pero cada vez se generalizan más las de dos o tres, construyéndose bastantes de mayor elevación.

En su conjunto la Capital de la República Argentina presenta un carácter de grandiosidad y lujo que impresiona favorablemente al viajero, haciéndole formar una idea del esplendor y riqueza del país.

Los monumentos religiosos son numerosos en Buenos Aires. Cuentan 22 Parroquias y 12 bellísimas iglesias. Hermosos monumentos escultóricos adornan las plazas públicas, distinguiéndose la estatua del General San Martín, la del General Belgrano y la dedicada al célebre General Lavalle.

Buenos Aires es una de las ciudades más higiénicas del mundo, gracias a sus gigantescas obras de salubridad.

Hay un sin número de escuelas, pues es muy notorio que la Argentina es la nación que toma más interés por la educación e instrucción de la niñez y juventud; esto no obstante 30.000 niños que corren por las anchurosas calles de Buenos Aires, sin instrucción ninguna,

aprendiendo las perniciosas máximas que aquí como en todas partes abundan.

El corazón se oprime de dolor al ver esta multitud inmensa de niños, mimados del buen Jesús, vagar, insultando a todos. Es de esperar que muy presto el Señor suscitará corazones generosos que vendrán a compartir con nosotros los trabajos apostólicos y nos ayudarán a salvar esas tiernas almas que siguen ahora el camino de la perdición.

Una consoladora noticia voy a darles antes de terminar mi relato. Los pequeños Hermanitos de María son desde ayer en la capital de la República Argentina y ya son buscados y apreciados de todos.

Pon consejo de su Excelencia el Señor Arzobispo de Buenos Aires, presentóse poco después de nuestra llegada, un sacerdote de elevado ingenio y esclarecida piedad, pidiendo Hnos. para dirigir un pensionado de cien y pico de niños, presentando al querido Hno. Director las condiciones en caso de aceptación, el cual las ha remitido al Rev. Hno. Asistente y confiamos que pronto todo estará arreglado.

Así bendice la buena Madre a sus hijos predilectos y confiamos que su bondad no se agotará con esto; pues, el árbol Marista debe extenderse por estas amenas tierras, llenas de las bendiciones de la divina Madre que desde su venerado Santuario de Luján, vela solícita por el crecimiento y desarrollo de su Instituto.

Como conclusión de esas líneas quiero consignar algunos datos referentes a nuestro colegio que ha de ser el teatro de nuestro celo y que no dudo procurará muchos consuelos a Ustedes.

En el Colegio de los Padres Lazaristas, sección pagos, son en mayoría de la ciudad. Debemos quedar en él los Hnos. Sixto, Adulphus y Veremundo. En la otra esquina de la Calle Lorea 1264, hay el llamado "Escuela San Vicente de Paúl" y gratuitos todos.

Ordinariamente son unos 600 niños y pueden con toda facilidad llegar a 800. Este bello plantel de almas jóvenes aunque tal vez algo tocadas del contagio del mundo, está reservado a otros 8 Hnos. que en él actuarán desde octubre. Por el momento hemos tomado 3 clases con 220 alumnos, esperando que vengan nuestros cohermanos durante octubre para encargarse por completo de la dirección. Tres días después de nuestra llegada hemos puesto todos a la obra con un ánimo y celo sin igual esperando que el cielo bendecirá nuestros esfuerzos y anhelos. Los niños en general son un poco más difíciles.

Aquí cierro el modesto relato de nuestro viaje. Que vengan corazones generosos a cultivar esta parcela de la viña del Señor, para mayor gloria de Dios, de la Virgen y santo consuelo de nuestro querido Instituto.

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